
Letras de tango
Música: Aníbal Troilo
Letra: José María Contursi
(vals)
Vals sentimental de nuestras viejas horas,
¡nunca te
escuché tan triste como ahora!
Llegas hasta mi para aumentar mi queja,
tiene tu rondín sabor a cosa vieja...
Vals sentimental, ingenuo y
ondulante,
vuelvo a recordar aquellos tiempos de antes.
Una voz lejana
me acusa en tu canción,
¡valcesito!... ¡y envuelve mi emoción!
Vuelca tu nostalgia febril,
tu musiquita sensual,
se que no es
posible seguir
oyéndote sin llorar.
Valcesito amigo, no ves
esta
incertidumbre tenaz
que no hace más
que remover y conmover
mi
soledad...
Unos ojos verdes de mar
más grandes que su ilusión,
unas
ansias grandes de amar...
después... llorando una voz...
Valcesito
amigo, no ves
que tu musiquita sensual
no sabe más
que atormentar y
atormentar
mi corazón...
Cuando llegue el fin de mi oración
postrera,
quiero imaginarla así, como ella era...
Juntaré mi voz a
aquellos labios suyos,
mientras tu canción nos servirá de arrullo.
Vals
sentimental de nuestras horas,
ya no me verán tan triste como ahora.
Lentamente tus notas amigas cantaré,
valsecito... ¡y entonces moriré!
Música: Osvaldo Tarantino
Letra: Juanca Tavera
Vamos, corazón, no te me quedes
si las piñas de la
vida
te abollaron las paredes
estás gastando tu turno de latir
empecinado en sufrir.
Deja de vagar viejas veredas
al encuentro
de las horas
del amor... febril
no ves que tengo los ojos tranquilos
la tarde cansada
y el sol sin salir.
Por vos se me olvidó
la
forma de querer
las ganas de reír
el tiempo de creer,
por vos no
abrí la puerta de olvidar
ni chance que me das de andar mirando atrás
tal vez hay tiempo si vos lo querés
tal vez hay un mañana y un porqué
el vale que nos queda de ilusión
jugalo... corazón,
salí de
perdedor.
Vamos, corazón, hacé la cuenta
uno a uno los eneros
van pisando los cuarenta
y estás marcando mi tiempo de vivir
sin
voluntad por seguir
dale con tu cuenta regresiva
hasta que uno de estos
días
me dejés... tirao
qué par de giles, perder la alegría
del cacho
de vida
que Dios nos ha dao.
Vamos, todavía que en la vida
quiero un poco de alegría
para ser feliz.
Música: Alfredo Malerba
Letra: Luis César Amadori
Si supieras que estoy solo
entre tanta y tanta gente,
si supieras que estoy triste
mientras ríen locamente;
tengo todo y
me parece
que sin vos no tengo nada...
y en la noche atormentada de mi
amor,
te pregunta temblando mi voz.
Vendrás alguna vez... decime.
Vendrás por el camino de mi soledad.
Ya no me importa lo que dirá la
gente
ya ves, humildemente te pido que volvás.
Vendrás alguna vez...
mentime.
Mentime si es que nunca... nunca volverás.
Porque prefiero
vivir de esa mentira,
que andar tras de la muerte sabiendo la verdad.
Tu pasado me persigue,
tan tenaz como la sombra,
y en la noche
solitaria
oigo al viento que te nombra.
Yo te llamo en mi amargura
aunque nadie me conteste,
y es inútil que proteste, mi rencor
es más
fuerte que todo mi amor.
Música: Luis Rubistein
Letra: Luis Rubistein
Acércate mi alma, siento que este frío
se mete en mi
pecho como un ventarrón.
Abrázame fuerte, cariñito mío,
pa´ morir pegado
con tu corazón.
Quiero darte vida, mi postrer suspiro,
apretado al beso
que me vas a dar.
¡Pucha, con la suerte, cuánto más te miro,
más siento
este nudo que me quiere ahogar!
¡No me dejes solo,
no te vayas mi
alma,
dame un beso grande
de esos que das vos!
No te quedes muda,
ni mirés con rabia,
¡no ves que me muero
sin perdón de Dios!
¡Vení, dame un beso!
¡Pucha, cómo sos!
Y ella, mientras tanto,
con rencor salvaje,
se acercó riendo viéndolo sufrir.
“¡Cuánto mal me
has hecho!” y, pa´ más ultraje,
lo insultó sin asco pa’ verlo sufrir.
“Esta es mi venganza", gritó como fiera.
“Morí como un perro, como lo
que sos".
Se llegó a la calle, sin mirar siquiera,
y siguió en la noche
gimiendo la voz.
Música: Remo Bernasconi
Letra: Eugenio Cárdenas
Cuando detengo la mirada
sobre tu amor que ya pasó
bajo las sombras de la enramada
parece que oigo tu dulce voz.
Pero
en el rancho, triste, peno
porque ya sé que no vendrás,
y de amargura mi
vida lleno
porque a mi ser llegó de tu alma la maldad.
En tu amor yo
cifré mi querer
cuando tu ardías
de amorosa fe.
Pero fue tan
mezquina tu pasión
que me sentí herido
con tu honda traición.
Cuando te fuiste de mi lado
y destrozaste el amor mío,
quedé de
angustia atormentado
por el gran desengaño traidor.
Y hoy comprendo que
en tu vida no hay
el venturoso afán, de un infinito amor,
en mis oídos
ya no quedarán
tus suaves voces como un rumor.
Como venganza a tu
grande falsía,
ningún recuerdo tuyo guardaré,
y he de olvidarme que tu
alma fue mía
y que a tu rostro divino adoré.
Si me olvidaste, yo también
te olvido,
y si algún día te acuerdas de mí;
piensa que en toda tu vida
ha caído
todo el desprecio que en mi alma yo sentí.
Música: Antonio Scatasso
Letra: Pascual Contursi
En el barrio Caferata
en un viejo conventillo,
con
los pisos de ladrillo,
minga de puerta cancel,
donde van los organitos
su lamento rezongando,
está la piba esperando
que pase el muchacho
aquel.
Aquel que solito
entró al conventillo,
echao a los ojos
el
funyi marrón;
botín enterizo,
el cuello con brillo,
pidió una
guitarra
y pa'ella cantó.
Aquel que, un domingo,
bailaron un
tango;
aquel que le dijo:
"Me muero por vos";
aquel que su almita
arrastró por el fango,
aquel que a la reja
más nunca volvió.
Ventanita del cotorro
donde sólo hay flores secas,
vos también
abandonada
de aquel día... se quedó.
El rocío de sus hojas,
las
garúas de la ausencia,
con el dolor de un suspiro
tu tronquito destrozó.
Música: Enrique Delfino
Letra: Luis César Amadori
Fue una noche clara
que alumbraba tan sólo el lucero.
Junto a mi humilde ventana
"te juro" -decía- "mi amor es eterno"
Yo
le di mi vida
y entre dulces promesas se fue.
Sola y conmovida
a la
reja mi amor le confié.
Ventanita florida
de mi vieja tapera,
en
tu reja prendida está
mi tímida ilusión.
Al abrirte contemplo
un
jardín de esperanza,
ventanita, y te cierro al fin
cantando por mi amor.
Pero fue mentira
su promesa de amor duradero.
Desde que vino el
invierno
una noche tras otra yo en vano lo espero.
Ya ni la esperanza
va quedando de verlo volver.
¡Tanto que lo quise!
¿Para qué me
engañó, para qué?
Ventanita florida
de mi vieja tapera,
en tu
reja marchita está
la flor de su traición.
Al abrirte, la noche
hasta el alma me hiela,
ventanita, y te cierro al fin
llorando por
mi amor.
Música: Pedro Maffia
Letra: José Horacio Staffolani
Por tu fama, por tu estampa,
sos el malevo mentado del
hampa;
sos el más taura entre todos los tauras,
sos el mismo Ventarrón.
¿Quién te iguala por tu rango
en las canyengues quebradas del tango,
en la conquista de los corazones,
si se da la ocasión?
Entre el
malevaje,
Ventarrón a vos te llaman...
Ventarrón, por tu coraje,
por
tus hazañas todos te aclaman...
A pesar de todo,
Ventarrón dejó
Pompeya
y se fue tras de la estrella
que su destino le señaló.
Muchos años han pasado
y sus guapezas y sus berretines
los fue
dejando por los cafetines
como un castigo de Dios.
Solo y triste,
casi enfermo,
con sus derrotas mordiéndole el alma,
volvió el malevo
buscando su fama
que otro ya conquistó.
Ya no sos el mismo,
Ventarrón, de aquellos tiempos.
Sos cartón para el amigo
y para el
maula un pobre cristo.
Y al sentir un tango
compadrón y retobado,
recordás aquel pasado,
las glorias guapas de Ventarrón.
Música: Carlos Di Sarli
Letra: José María Contursi
Verdemar... Verdemar...
Se llenaron de silencio tus
pupilas.
Te perdí, Verdemar.
Tus manos amarillas, tus labios sin color
y el frío de la noche sobre tu corazón.
Faltas tú, ya no estás,
se
apagaron tus pupilas, Verdemar.
Te encontré sin pensarlo y alegré mis
días,
olvidando la angustia de las horas mías.
Pero luego la vida se
ensañó contigo
y en tus labios mis besos se morían de frío.
Y ahora...
¿qué rumbo tomaré?
Caminos sin aurora me pierden otra vez.
Volverás,
Verdemar...
Es el alma que presiente tu retorno.
Llegarás, llegarás...
Por un camino blanco tu espíritu vendrá
Buscando mi cansancio y aquí me
encontrarás.
Faltas tú... Ya no estás...
Se apagaron tus pupilas,
Verdemar.
Música: Enrique Santos Discépolo
Letra: Enrique Santos Discépolo
¡Victoria!
¡Saraca, Victoria!
Pianté de la noria:
¡Se fue mi mujer!
Si me parece mentira
después de seis años
volver a vivir...
Volver a ver mis amigos,
vivir con mama otra vez.
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue mi
mujer!
¡Me saltaron los tapones,
cuando tuve esta mañana
la
alegría de no verla más!
Y es que al ver que no la tengo,
corro, salto,
voy y vengo,
desatentao...¡Gracias a Dios
que me salvé de andar
toda
la vida atao
llevando el bacalao
de la Emulsión de Scott..!
Si no
nace el marinero
que me tira la pilota
para hacerme resollar....
yo
ya estaba condeno
a morir ensartenao,
como el último infeliz.
¡Victoria!
¡Saraca, victoria!
Pianté de la noria:
¡Se fue mi
mujer!
Me da tristeza el panete,
chicato inocente
que se la llevó...
¡Cuando desate el paquete
y manye que se ensartó!
¡Victoria!
¡Cantemos victoria!
Yo estoy en la gloria:
¡Se fue mi mujer!
Música: Osvaldo Fresedo
Letra: Emilio Fresedo
Siempre igual es el camino
que ilumina y dora el
sol...
Si parece que el destino
más lo alarga
para mi dolor.
Y este verde suelo,
donde crece el cardo,
lejos toca el cielo
cerca de mi amor...
Y de cuando en cuando un nido
para que lo
envidie yo.
Vida mía, lejos más te quiero.
Vida mía, piensa en mi
regreso,
Sé que el oro
no tendrá tus besos
Y es por eso que te
quiero más.
Vida mía,
hasta apuro el aliento
acercando el momento
de acariciar felicidad.
Sos mi vida
y quisiera llevarte
a mi
lado prendida
y así ahogar mi soledad.
Ya parece que la huella
va perdiendo su color
y saliendo las estrellas
dan al cielo
todo
su esplendor.
Y de poco a poco
luces que titilan
dan severo tono
mientras huye el sol.
De esas luces que yo veo
ella una la encendió.
Música: Rodolfo Sciammarella
Letra: Enrique Cadícamo
La otra noche mientras iba caminando como un curda,
tranco a tranco, solo y triste, recorriendo el veredón,
sentí el filo de
una pena que en el lado de la "zurda"
se empeñaba traicionera por tajear mi
corazón.
Entre harapos lamentables una pobre limosnera
sollozando su
desgracia a mi lado se acercó,
y al tirarle unas monedas a la vieja
pordiosera
vi que el rostro avergonzado con las manos se tapó.
Yo la
he visto cuando mozo ir tejiendo fantasías
con sus sueños de alto vuelo y
sus noches de champán.
¡Pobrecita! quien pensara los finales de sus días
y en la trágica limosna vergonzante que hoy le dan.
Me alejé, Vieja
Recova, de su lado, ¡te imaginas,
de la amiga de otros tiempos, qué dolor
llegué a sentir!
Lo que ayer fuera grandeza hoy mostraba sólo ruinas,
y
unas lágrimas porfiadas no las pude desmentir.
Vieja Recova,
rinconada de su vidas
la encontré sola y perdida
como una muestra
fatal.
La mala suerte
le jugó una carta brava,
se le dio vuelta la
taba,
la vejez la derrotó.
¡Vieja Recova, si vieras cuánto dolor!
Música: Pedro Laurenz
Letra: José María Contursi
¿Ves? He tratado inútilmente
de alejarme y olvidar...
Hoy que hay arrugas en mi frente
siento más la soledad...
Tal vez,
al notarme avejentado,
pensarás que vengo a verte
porque estoy
desesperado...
¡No! Ya los años me enseñaron
a templar mi corazón...
No he venido a suplicarte
ni un poquito de cariño
ni a que
expliques tu silencio,
tus mentiras o tu olvido...
No es posible, vieja
amiga,
nuestras vidas acercar...
Solo vine para verte,
para verte,
nada más...
Ya poco falta para irme
con mi cruz a otro rincón...
Sé que al dejarte voy a hundirme
en la desesperación.
¿Será la
emoción de mi partida,
que quisiera darte un beso
aunque deje en él mi
vida?
¡Es que tus lágrimas me invitan
a besarte y a llorar!
No
he venido a suplicarte
ni un poquito de cariño
ni a que expliques tu
silencio,
tus mentiras o tu olvido...
No es posible, vieja amiga,
nuestras vidas acercar...
Ya me voy... y aquí te dejo
toda mi
felicidad...
Música: Charlo
Letra: Enrique Cadícamo
Noche de silencio, noche cruel...
Llegan los recuerdos
en tropel.
Trágica tristeza de pensar cómo asomo
"la primera cana"
mensajera del dolor.
Misteriosa angustia de vivir
y terror intenso de
morir.
De un confuso espejo van surgiendo del ayer
todas mis andanzas
como de un amanecer.
Son mis viejas alegrías
las que surgen y me
nombran.
¡Cuántas, cuántas horas mías
van saliendo de las sombras!
Son mis viejas alegrías...
Son las bocas que he besado.
Son aromas
de otros días,
son imágenes sombrías
del espejo evocador.
Tuve a
cada instante un nuevo amor
me hice bachiller en el dolor.
Pájaro
nostálgico mi espiritu burlón
siempre alzó su vuelo procurando una emoción.
Fui desde el arroyo "hasta el rosal",
libre como el viento, y al final,
hoy que cruzo el cabo tormentoso de mi edad
me he quedado preso en mi
propia soledad.
Música: Eladia Blázquez
Letra: Héctor Negro
Se me hace que el palco llovizna recuerdos,
que allá
en la Avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
aquellos baluartes del viejo Café.
Tortoni de ahora, te habita aquel
tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces
que fueron
se acoda en las mesas, cordial habitué.
Viejo Tortoni.
Refugio fiel
de la amistad junto al pocillo de café.
En este sótano
de hoy, la magia sigue igual
y un duende nos recibe en el umbral.
Viejo Tortoni. En tu color
están Quinquela y el poema de Tuñón.
Y el tango aquel de Filiberto,
como vos, no ha muerto,
vive sin
decir adiós.
Se me hace que escucho la voz de Carlitos,
desde esta
"Bodega" que vuelve a vivir.
Que están Baldomero y aquel infinito
fervor
de la "Peña", llegando hasta aquí.
Tortoni de ahora, tan joven y
antiguo,
con algo de templo, de posta y de Bar.
Azul, recalada, si el
fuego es el mismo,
¿quién dijo que acaso no sirve soñar?
Música: Sebastián Piana / Cátulo
Castillo
Letra: Homero Manzi
Con un lazarillo llegás por las noches
trayendo las
quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu
rara silueta
de flaco rocín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos
añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.
El día en que se
apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del
callejón,
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en
las almas simples un poco de emoción.
El día en que no se oiga la voz de
tu instrumento
cuando dejés los huesos debajo de un portal
los bardos
jubilados, sin falso sentimiento
con una "canzonetta" te harán el funeral.
Parecés un verso
del loco Carriego
parecés el alma
del mismo
violín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
tan llena de pena,
tan lleno de esplín.
Cuando oigo tus notas
me invade el recuerdo
de aquella muchacha
de tiempos atrás.
A ver, viejo ciego,
tocá un tango lerdo
muy lerdo y muy triste
que quiero llorar.
Música: Raúl de los Hoyos
Letra: Roberto Lino Cayol
Viejo rincón de mis primeros tangos,
donde ella me
batió que me quería;
guarida de cien noches de fandango
que en mi
memoria viven todavía.. .
¡Oh, callejón de turbios caferatas
que fueron
taitas del mandolión!
¿Dónde estará mi garçonniere de lata,
testigo de
mi amor y su traición?
Hoy vuelvo al barrio que dejé
y al
campanearlo me da pena...
No tengo ya mi madrecita buena,
mi rancho es
una ruina; ya todo se acabó.
Porque creí loco de mí,
por ella di mi vida
entera...
También mi fe se convirtió en tapera
y sólo siento ruinas
latir dentro de mí.
De un tango el vaivén
da vida a un amor;
de
un tango al vaivén
nos hacen traición.
Cuando te quiebras en una
sentada
juntando tu carita con la mía,
yo siento que en la hoguera de
algún tango
se va a quemar mi sangre el mejor día.
Viejo rincón de
turbios caferatas,
que fueron taitas del mandolión,
¿dónde estará mi
garçonniere de lata,
bulín mistongo que fue mi perdición?
Del fuelle al
son, suena un violín
en el tablao de una cantina
y en un bulín que está
al doblar la esquina
los taitas aprovechan el tango tentador.
¿Pa qué
soñar? ¿Pa qué volví
al callejón de mis quereres,
a revivir el mal de
esas mujeres,
sus risas, sus caricias, la farsa de su amor?
De un
tango el vaivén
da vida a un amor;
de un tango al vaivén
nos hacen
traición.
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Celedonio Flores
Campaneá cómo el cotorro va quedando despoblado
todo
el lujo es la catrera compadreando sin colchón
y mirá este pobre mozo cómo
ha perdido el estado,
amargado, pobre y flaco como perro de botón.
Poco a poco todo ha ido de cabeza p'al empeño
se dio juego de pileta
y hubo que echarse a nadar...
Sólo vos te vas salvando porque pa' mi sos un
sueño
del que quiera Dios que nunca me vengan a despertar.
Viejo
smocking de los tiempos
en que yo también tallaba...
¡Cuánta papusa
garaba
en tus solapas lloró!
Solapas que con su brillo
parece que
encandilaban
y que donde iba sentaban
mi fama de gigoló.
Yo no
siento la tristeza de saberme derrotado
y no me amarga el recuerdo de mi
pasado esplendor;
no me arrepiento del vento ni los años que he tirado,
pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor;
sin una mano que
venga a llevarme una parada,
sin una mujer que alegre el resto de mi
vivir...
¡Vas a ver que un día de éstos te voy a poner de almohada
y,
tirao en la catrera, me voy a dejar morir!
Viejo smocking, cuántas veces
la milonguera más papa
el brillo de tu solapa
de estuque y carmín
manchó
y en mis desplantes de guapo
¡cuántos llantos te mojaron!
¡cuántos taitas envidiaron
mi fama de gigoló!
Música: D. Alvarez
Letra: E. Maradei
Hoy vuelvo por tí otra vez a tu lado
feliz como nunca,
con ansias de hogar
los chicos ya saben que es lo que ha pasado
y ahora
hay un padre que pueden mostrar.
Mirá que regalos compré para todos:
juguetes y ropas, también un licor
y un velo de novia más lindo que el
cielo
pue se que la nena ya tiene un amor.
Mirá...
nuestros
cachorros como ayer
mirá...
como me abrazan otra vez
quién sabe
cuantas veces
precisaron mi calor
y en esta desnudez
me habrán
llamado con su llanto.
Hoy tengo la dicha de mi hogar
y sé que vos
sufriste más que yo.
Vení, poné la mesa y escondé ese lagrimón,
no
llores, volvamos a empezar.
Con sombras de carcel lavé mi pecado
si
acaso la cárcel lo puede lavar
los jueces de mármol nunca comrendieron
que a veces la vida te obliga a matar.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus
pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",
bajo el burlón mirar de las
estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
Volver,
con la
frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir,
que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la
mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con
el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Tengo
miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenan mi
soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi
corazón.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro
tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
lo que he sufrido con su
impiedad.
Me dijo humilde: "Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez
vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá"
Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no
vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo una mueca del
viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve
piedad.
Sus ojos azules, muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita
pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo: "Es la
vida". Y no la vi más.
Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la
mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura
en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y
me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos
que también ella
tuvo piedad.
Música: José María Rizzuti
Letra: José Diez Gómez
Fuiste derecha, no me fallaste
y aunque fui malo
seguiste fiel.
Todo el cariño que me juraste
recién lo llego a
comprender.
Lo supe todo cuando mi daga
cortó la vida de mi rival.
"Era inocente..." Y esas palabras
fueron elogio de tu lealtad.
Volvé, mi negra, al nido
que loco yo deshice.
El mal que cruel
te hice
con besos has de olvidar.
¡Volvé, mi negra buena!
¡Volvé
pa'perdonarme,
pues vos sola has de darme
dicha y felicidad!
Y aquí
otra vez juntitos
sabré recompensarte
con cariño constante
tu
nobleza y lealtad.
Volvé, mi negra, al nido,
que mi cariño espera
la
buena compañera
que no se irá jamás.
Y en estas noches del crudo
invierno
triste y sombrío del arrabal
siento en mi pecho intenso frío...
Es que me espanta la soledad.
Por eso, negra, vengo a buscarte...
Quiero que escuches mi corazón...
Volvé, mi negra. Voy a pagarte
con
mi ternura todo tu amor...